¿Cómo estás?

Ayer quedé con una amiga que hace tiempo que no veía:

Ella-¿Cómo estás, Vanessa? ¿Qué tal el trabajo?

Yo-Muy contenta. Salgo a mi hora todos los días, y mi jefa se preocupa por mi y confía en mi trabajo.

Ella-Ajam, y ¿cómo te encuentras por haber perdido tu negocio con la ilusión que le pusiste?

Yo-Bien, ahora veo que fue lo mejor traspasarlo ya que no iba bien y llevaba meses sin cobrar. 

Ella-Ya, ya, claro claro…, y has vuelto a saber algo del impresentable? (se refiere a mi ex)

Yo-Ein? Quién?? 

Ella-Sí, mujer, ese con el que te ibas a ir a vivir, y que te dejó plantada sin venir a cuento.

Yo-Te refieres a ese del que hace dos años que no se absolutamente nada? Ehh no…(arqueo de ceja y mirada de ñú encabritao)

Ella-Uy, que carita más apagadilla se te ha puesto. ¿Ves cómo no estás bien? Bueno, ya sabes que estoy aquí para cualquier cosa que necesites… ¿Quieres un vino?

Positividad

Mi respuesta a la pregunta “¿Cómo estás?” es (casi) siempre.

Porque es cierto. Me considero una persona afortunada. ¿100% bien? Hay días que no, claro. ¿Estoy bien al 60% o más? Yes! Vaso medio lleno, toma!

Últimamente he observado que muchas personas se sorprenden cuando dices que estás bien, y no empiezas a recitar de carrerilla las cosas que te preocupan.

Aunque suene a tópico de manual, es muy importante ser positivo, o al menos no dar demasiada importancia a la parte negativa de las cosas que nos suceden.

Para mi la suerte, no es más que positividad. El tener los ojos abiertos a las oportunidades que se te presentan a diario.

Ojo, siempre siendo realista: los problemas existen, claro que sí, pero mejor dejemos el fustigamiento para el señor  Grey*, que lo maneja con más soltura.

* Noooo, no me gustó el libro.