La vida paleolítica merece la pena – Paleomoderna

Tienes una tendinopatía en el supraespinoso. Ese fue el diagnóstico de mi Fisio.

No era la primera lesión que tenía: el rotuliano de la rodilla, una pubalgia, una pseudociática por compresión del músculo piramidal. Pero este dolor era mucho más fuerte y se había hecho crónico en el hombro, además no me dejaba dormir y me limitaba el movimiento del brazo.

Que me tomase antiinflamatorios y volviese la semana siguiente. Total, si ya tomaba todos los días ibuprofeno por los dolores de cabeza continuos.  

¿Tendinitis? ¿Dónde?

Un tendón es una estructura que une un músculo a un hueso,  y se conoce como tendinitis la inflamación del mismo. La provocan movimientos repetitivos, lesiones por sobrecarga en el músculo al que  está unido, o enfermedades como diabetes o artritis.

Una tendinopatía es una tendinitis que perdura en el tiempo.

La tendinopatía que me afectaba a mí estaba en el hombro, en el tendón unido al músculo supraespinoso. Este músculo forma parte de un conjunto muscular, conocido como “manguito de los rotadores”  que se unen en la cabeza del húmero,  proporcionan estabilidad al hombro y permitiendo que este se mueva.

Síntomas, muy divertidos todos:

  • Dolor en el hombro que se irradia al cuello y parte posterior de la espalda, llegando al codo en muchas ocasiones.
  • Limitación funcional al levantar el brazo lateralmente o al subirlo por encima de la cabeza.
  • Pérdida de fuerza.
  • Dolor  nocturno, sobre todo si nos apoyamos sobre el tendón lesionado al dormir.

Aparte de ir al Fisio, lo recomendable cuando tienes una tendinitisa es ponerte hielo, estirar y tomar antiinflamatorios. Pero por muchas pastillas que tomes, llega un punto en que no aguantas el dolor, y yo, a mis 31 años, no estaba dispuesta a tomarme tres ibuprofenos al día durante el resto de mi vida ni a depender de una visita semanal al fisioterapeuta (que nadie me malinterprete, suelo ir a menudo y hacen una labor estupenda).

Inflamación

La primera vez que escuché hablar de la inflamación silenciosa fue en el libro de la dieta de la zona de Barry Sears, y explicaba como una mala alimentación puede provocar inflamación de tejidos internos. Me quedé con la mosca detrás de la oreja, pero por aquel entonces todavía me preocupaba más la estética que de la salud.

Nunca seguí por mucho tiempo al señor Sears, por lo complicado de medir las cantidades de comida que propone, aunque merece mucho la pena por la explicación tan clara sobre el efecto de la comida sobre nuestras hormonas.

¿Pero qué es la inflamación?

Porque aquí entre tú y yo, a mí me sonaba a fantasma, a que viene el lobo, porque no terminaba de describir muy bien el concepto.

Pues bien, la inflamación es algo bastante preocupante: es una respuesta inmune de nuestro cuerpo para reparar una herida, irritación o infección. Esto sucede cuando consumimos determinados productos como el azúcar, que inunda nuestra sangre de insulina y hormonas del estrés, disparando un proceso inflamatorio (doloroso) en nuestros órganos y tendones.

El consumo de azúcar (y en general carbohidratos simples) produce inflamación de los tejidos. Y tendinitis e inflamación van de la mano: si ya el tendón está inflamado, la tracción producida por movimientos repetitivos, el ejercicio, hace que sea más fácil una lesión, y la recuperación de la misma.

Es normal, que al provocar la inflamación, notemos fatiga, estrés, irritabilidad, cambios de humor, dificultad para dormir  y dolor en las articulaciones (cosas que a mí me sonaban muy familiares).

Con el gluten, si tienes sensibilidad, alergia o intolerancia ocurre tres cuartas de lo mismo: reacción autoinmune de tu cuerpo para protegerse de los cuerpos externos y produce una inflamación generalizada de los tejidos.

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Y aquí estoy, seis meses después

De la mano de Crossfit, vino la dieta paleolítica. Empecé a leer todo lo que caía en mis manos, libros, artículos, blogs.

Además de prometer un físico estupendo, hablaban de dolores de cabeza que desaparecían, de dormir toda la noche del tirón, de “desinflamación” de tendones y ligamentos. Y en ese momento, mi dolor crónico en el hombro derecho y yo, decidimos que merecía la pena intentarlo.

Tras seis meses de dieta paleolítica, casi dos meses en su versión más estricta: sin gluten, sin azúcar, sin lactosa:

  • El dolor del supraespinoso ha desaparecido, a pesar de que hago más ejercicio que nunca (y más a lo bestia).
  • No tengo insomnio, supongo que también porque no me duele el brazo.
  • Rara vez me duele la cabeza, y he desterrado los antiinflamatorios de mi vida.
  • A nivel superficial: está mitigándose la keratosis pilaris de brazos, y ha desaparecido por fin la de la piernas
  • ¿He perdido peso? Como comentaba el otro día en el fantástico blog de mi amiga Antojista, desde que hago crossfit, peso 6 kg más en la báscula, pero he bajado una talla de pantalón. Así que peso no he perdido, pero sí grasa corporal 😉

Con esta lista, ¿cómo no voy a recomendar el estilo de vida y alimentación paleo, si he pasado de tener dolores crónicos a estar mejor que nunca?

Aunque no quiero engañar a nadie, y vender milagros: el cambio no se produce de la noche a la mañana, pasará un mes hasta que te desenganches del azúcar, y lo pasarás muy mal, incluso habrá veces que parecerá que tus dolencias empeoran, pero es sólo un mes, y el resultado merece la pena.

¿Y tú cómo comenzaste con esta dieta? ¿Has notado mejorías?

Enlaces:

http://www.livestrong.com/article/540433-does-gluten-aid-in-joint-inflammation/

https://www.saluspot.com/articulos/2717-tendinopatia-del-supraespinoso

http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/000438.htm